Lo que caracteriza al adicto a las compras es la pérdida de control, el establecimiento de una relación de dependencia, la necesidad progresiva de comprar cada vez más cosas y la interferencia grave en la vida cotidiana. Esto permite distinguir entre la adicción a las compras del consumismo típico de la sociedad actual. En general, gastan más dinero del que pueden, llegando incluso a pedir préstamos al banco, ocultándoselo a la pareja y a la familia.

   Los principales rasgos de la conducta anómala son: que se compra por comprar, que las compras son excesivas, que los objetos adquiridos son innecesarios y que el sujeto es consciente de ello, pero no puede refrenar el impulso. Puede llegar a pasar por un centro comercial y sufrir un síndrome de abstinencia, es decir, un estado de nerviosismo que sólo se calma cuando entra a comprar. El sentimiento de autoestima y de poder se satisface con la conducta de comprar, sin embargo hay una pérdida de interés por los productos una vez comprados.

   Los factores que contribuyen al origen y mantenimiento de la adicción a las compras son la existencia de insatisfacciones vitales, frustraciones y otros problemas psicológicos que buscan salida y se proyectan a través del consumo y de la adquisición de cosas nuevas.  Sigue un clásico patrón adictivo, donde la sensación de satisfacción que produce la compra es sólo pasajera, generalmente dura unas pocas horas, y es seguida por sentimientos de culpa y remordimiento por los gastos realizados, sentimientos que son calmados con otro atracón de compras, generándose así un círculo vicioso.